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martes, 21 de octubre de 2008 by marga
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martes, 21 de octubre de 2008 by marga
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lunes, 11 de agosto de 2008 by xicalo
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domingo, 10 de agosto de 2008 by xicalo
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jueves, 29 de noviembre de 2007 by Antonio-Heber
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miércoles, 9 de agosto de 2006 by xicalo
Siendo muy niño y de niño oía esta cancioncilla, que me llamaba la atención intuyendo la moraleja (lección que se saca de un cuento, de una canción de una fábula, etc.)
MOUCHO
QUE ESTÁS NO PENEDO
ERES DE CARTÓN
ERES DE CARTÓN
NON TE TEÑO MEDO
oooOooo
Moucho, BUHO en castellano. Ave rapaz nocturna, de cabeza grande y con dos mechones de plumas parecidos a las orejas de un gato.
En la Escuela Pública de Puenteareas, de 1ª, 2ª y 3ª enseñanza, con los profesores D. Ramiro, D. José y D. Cesar, buenos profesionales con pedagogía, escuché la primera poesía que oía en mi tierna vida infantil, que dejaría marcada para siempre mi alma, ansiosa siempre de nuevos amaneceres.
(¿Título?)
Caminito de la escuela
muy contento marcha Pablo
con la mochila en la espalda
con la sonrisa en su rostro
y la canción en sus labios.
Yo seré hombre, iba diciendo
Yo seré hombre, iba cantando
mal lo pasaré de mayor
si no aprendo de muchacho
Dos por una dos
dos por dos son cuatro.
Por la tierra anda la hormiga
por el aire vuela el pájaro
¿Qué seré yo de mayor
si no aprendo de muchacho?
Dos por una dos
dos por dos son cuatro.
RECUERDO
Los alimentos estaban racionados y eran escasos. Emilio, hijo de una repartidora de pan, panadera empleada de la fábrica Panificadora Viguesa, solía hurtar alguna que otra valiosa barra de pan, que me traía al portal del Centro de Hijos de Vigo, y que le pagaba con las propinas que recibía de los socios, pan que compartía con un señor de una calle cercana, de aspecto elegante y culto, pero necesitado y con hambre, que, agradecido por mi generosidad, me compensaba regalándome libros de Dick Turpin, Victor Hugo, Vicente Blasco Ibáñez y otros autores famosos, que leía complacido e interesado, sumergiéndome en el fabuloso mundo de la literatura que me transportaba a los sueños y a las vidas de seres generosos y mezquinos.
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lunes, 27 de junio de 2005 by Antonio-Heber
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viernes, 16 de enero de 2004 by Antonio-Heber
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martes, 9 de octubre de 2001 by xicalo
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sábado, 27 de enero de 1996 by xicalo
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domingo, 25 de septiembre de 1994 by Antonio-Heber
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domingo, 2 de enero de 1994 by xicalo
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miércoles, 30 de diciembre de 1992 by Antonio-Heber
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domingo, 1 de diciembre de 1991 by xicalo
Era menudita, sola y sin familia, temerosa de Dios y de las personas. Se movía con la humildad del perro apaleado, como suplicando paciencia y perdón.
Desde muy jovencita había entrado a trabajar de muchacha en casa de la Señora. Y cuando ya la mucha edad la hizo inservible para las labores domésticas y de la finca rústica, se había acogido a la benevolencia de su Señora, que si bien le retiró las diez pesetas mensuales que le daba de salario, la compensó manteniéndola en casa gratuitamente, en un elevado gesto de benevolencia y generosidad, salvándola del frío y triste asilo.
Pero ¡ay!, era ya un mueble viejo que no se podía tirar en el desván, y la pobre trataba por todos los medios de estorbar lo menos posible en aquella casa, donde la nueva criada, Amilana, la veía de reojo, con un desdén no exento de burla y crueldad, y la marginaba todo lo que podía enviándola a las esquinas. La pobre Benita vivía en un constante temor, y sólo la oportunidad de la llegada de su Señora, evitaba algunas veces que recibiese un empujón o una bofetada.
Visitaba de vez en cuando aquella casa un sobrino de la Señora, un chico espabilado y vivaz, de sólo ocho años, que se percató enseguida de la situación humillante en que vivía Benitiña, como la llamaba cariñosamente, a la que ayudaba en todo lo que podía, y en el que encontraba la viejecita un amparo, una comprensión y una amistad.
Un día que el niño llegó de visita, la encontró más triste que nunca, y como siempre lo hacía, fue a hurtar a su tía en la despensa una copita de aguardiente, que llevó amoroso al bajo de la casa, donde escondida detrás de una gruesa puerta de madera, esperaba ansiosa Benitiña el agua de fuego para aquel débil cuerpecito necesitado de calor.
Volvió muchas veces, y se repetía siempre el mismo suceso. Era como un pacto secreto, no hablado ni escrito, de amistad espontánea, y un complot urdido sin premeditación; en una leal colaboración de amor humano entre un niño que empezaba a conocer la crueldad de la vida, y una viejecita que, antes de irse, se encontró con un asidero en forma de niño avispado porque nunca fue descubierto.
Los ojos de Benitiña resplandecían de contento, de alegría, cuando veía llegar la visita de aquel niño, sobrino de su Señora, que siempre sabía encontrar la ocasión más propicia para irle a buscar la copa de aguardiente.
Y una tarde, de las muchas que lo vio llegar, esta vez le dijo muy solemne, con emoción y humildad, cogiéndole sus manos: “señorito, si la próxima vez que veña eu non estou eiqui, perdóneme”.
Y llegó la próxima vez: al cabo de algunos meses volvió el niño y al no ver a Benita, preguntó por ella.
Atilana, con una mal disimulada sensación de pena, le dijo que se había muerto hacía unos diez días.
El niño se fue al cementerio rústico cercano y, ante su tumba de tierra en cuya cabecera se alzaba un madero en forma de cruz, sintió una sensación de pena, de vacío, de soledad, y por sus mejillas empezaron a descender y a deslizarse unas tibias lágrimas que fue incapaz de evitar
Y, al irse, mirando la tumba donde por fin había encontrado su cuerpo un reposo eterno, la sintió muy cercana, y la dijo: Perdonada, Benitiña.
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jueves, 14 de febrero de 1991 by Antonio-Heber
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miércoles, 26 de julio de 1989 by Antonio-Heber
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jueves, 8 de septiembre de 1988 by xicalo
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viernes, 20 de mayo de 1988 by Antonio-Heber
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jueves, 5 de noviembre de 1987 by Antonio-Heber
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miércoles, 9 de septiembre de 1987 by Antonio-Heber
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