MISERIAS:LAS TRI QUE TRAQUE

… borrador para un ensayo … viñetas del pasado
MISERIAS


Eran tiempos difíciles y terribles, y la realidad superaba a la fantasía. En un otoño frío, las Tri que Traque surgieron como dos setas en una tierra abonada para el odio y la sangre, en una mañana de rocío.

LAS TRI QUE TRAQUE

No son hermosas
las Tri que Traque
pero sí jóvenes
y generosas …

Hacen favores
a los soldados
que heridos llegan
de las trincheras
de las batallas
de las peleas

Por un real
una moneda
bajan las bragas
desnudas quedan

No fue el vicio
ni la lujuria
lo que las hizo
perder el sexo

Son inocentes
son inexpertas
analfabetas
las Tri que Traque

A ellas acuden
los militares
con muchas prisas
otros despacio

Van con muletas
mal de las piernas
o en cabrestillo
brazos heridos
almas enfermas

Valle Inclán muerto
crea un poema
es otra Corte
de las Miserias

No son hermosas
las Tri que Traque
pero sí jóvenes
y generosas …

Por un real
una moneda
hacen favores
particulares …

Viven aisladas
muy apartadas
en una casa
cerca de un monte
campo atraviesa
bosque cercanos.

No son hermosas
las Tri que Traque
pero sí jóvenes
y generosas …

RECUERDOS DE ANTAÑO

¿Donde estás chiquilla
de ojos castaños
y trenzas largas?

¿Donde estás niña bonita?

que ansío verte
y quiero escribirte
y contestarte
y decirte que si
que acepto

Aún conservo en el recuerdo
y en mis manos
aquel trozo de papel
arrancado de la libreta
que tu amiga
me entregara en el recreo
o a la salida de la escuela
en aquella tarde de primavera.

Lo lei sorprendido
como un niño inocente que era
y al que lo único que le preocupaba era jugar, jugar.

Me escribiste: Antonio
te escribo estas letras
para que me digas
si quieres ser mi novio.


Eras pequeñuela y decidida
y aún no sabías nada
mas en tu pecho
brotaba el amor.


Me ruboricé y hoy me pregunto:

¿Donde está aquella chiquilla
de ojos castaños
y trenzas largas?

¿Donde está? que quiero verla
que quiero escribirle
y decirla que si
que acepto ser su novio.

Porque si esto que siento
es amor
yo la amo, yo la amo
y quiero decirla que si que acepto
y quiero ser su novio.

¡ Para siempre !

SIESTA EN LA NOCHE

Vientos que ya se fueron
¡ aún me sacuden !
con fantasmas y recuerdos
de un pasado
en un sueño inquieto
profundo, aunque perdido
de ciertos sabores, olores
imágenes y lugares
que si, que sé que existen
o existieron.

oooOooo


Volar era fácil, con leve impulso
desde el balcón o la ventana
cayendo con vértigo hacia el vacío
y el viento amigo, que te elevaba
a cielos de colores brillantes
nuevos, intensos y desconocidos
que atravesaba veloz
en un instante
hacia alturas jamás soñadas
¡ cada vez más alto ¡
¡ cada vez más alto ¡

oooOooo

¿Era el alma, liberada del cuerpo
que huía?
hacia nuevos colores que no existían
hacia una paz que presentía cercana
hacia un bienestar que nunca había gozado

oooOooo

Vientos que ya se fueron
¡ aún me sacuden !
con fantasmas y recuerdos
de un pasado

oooOooo

"DUERMO PARA TI”

El ritmo es lo que hace a la poesía persuasiva y no informativa
José Hierro - Poeta


Yo siempre duermo para ti
acariciando tus pezones sensibles
o mordisqueando
tu nuca apetecible
y haciéndote solícito la sillita
y tu ingrata e indiferente
te separas de mi espalda
cuando doy la vuelta.

Toda la cama es tuya
sea en el borde o en el centro
me desplazas fría e insensible
a mi solícito amaro.

Yo duermo para ti
abrazado a tu tibia piernecita
de piel de seda
con calor de sol en el ocaso
o acariciando tu redonda barriguita
caliente
o frotando suavemente tu culito
frío.

Yo siempre duermo para ti
¡ingrata!
que me huyes o me rehuyes
entre las sombras
entre las sabanas
y al borde de mi lado
frío y triste
añoro aquel amor
que se ha marchado.

PERDONADA, BENITIÑA

La vida no es el bien
ni el mal, sino
simplemente
el escenario del bien
y del mal
SENECA



Era menudita, sola y sin familia, temerosa de Dios y de las personas. Se movía con la humildad del perro apaleado, como suplicando paciencia y perdón.

Desde muy jovencita había entrado a trabajar de muchacha en casa de la Señora. Y cuando ya la mucha edad la hizo inservible para las labores domésticas y de la finca rústica, se había acogido a la benevolencia de su Señora, que si bien le retiró las diez pesetas mensuales que le daba de salario, la compensó manteniéndola en casa gratuitamente, en un elevado gesto de benevolencia y generosidad, salvándola del frío y triste asilo.

Pero ¡ay!, era ya un mueble viejo que no se podía tirar en el desván, y la pobre trataba por todos los medios de estorbar lo menos posible en aquella casa, donde la nueva criada, Amilana, la veía de reojo, con un desdén no exento de burla y crueldad, y la marginaba todo lo que podía enviándola a las esquinas. La pobre Benita vivía en un constante temor, y sólo la oportunidad de la llegada de su Señora, evitaba algunas veces que recibiese un empujón o una bofetada.

Visitaba de vez en cuando aquella casa un sobrino de la Señora, un chico espabilado y vivaz, de sólo ocho años, que se percató enseguida de la situación humillante en que vivía Benitiña, como la llamaba cariñosamente, a la que ayudaba en todo lo que podía, y en el que encontraba la viejecita un amparo, una comprensión y una amistad.

Un día que el niño llegó de visita, la encontró más triste que nunca, y como siempre lo hacía, fue a hurtar a su tía en la despensa una copita de aguardiente, que llevó amoroso al bajo de la casa, donde escondida detrás de una gruesa puerta de madera, esperaba ansiosa Benitiña el agua de fuego para aquel débil cuerpecito necesitado de calor.

Volvió muchas veces, y se repetía siempre el mismo suceso. Era como un pacto secreto, no hablado ni escrito, de amistad espontánea, y un complot urdido sin premeditación; en una leal colaboración de amor humano entre un niño que empezaba a conocer la crueldad de la vida, y una viejecita que, antes de irse, se encontró con un asidero en forma de niño avispado porque nunca fue descubierto.

Los ojos de Benitiña resplandecían de contento, de alegría, cuando veía llegar la visita de aquel niño, sobrino de su Señora, que siempre sabía encontrar la ocasión más propicia para irle a buscar la copa de aguardiente.

Y una tarde, de las muchas que lo vio llegar, esta vez le dijo muy solemne, con emoción y humildad, cogiéndole sus manos: “señorito, si la próxima vez que veña eu non estou eiqui, perdóneme”.

Y llegó la próxima vez: al cabo de algunos meses volvió el niño y al no ver a Benita, preguntó por ella.

Atilana, con una mal disimulada sensación de pena, le dijo que se había muerto hacía unos diez días.

El niño se fue al cementerio rústico cercano y, ante su tumba de tierra en cuya cabecera se alzaba un madero en forma de cruz, sintió una sensación de pena, de vacío, de soledad, y por sus mejillas empezaron a descender y a deslizarse unas tibias lágrimas que fue incapaz de evitar

Y, al irse, mirando la tumba donde por fin había encontrado su cuerpo un reposo eterno, la sintió muy cercana, y la dijo: Perdonada, Benitiña.

CARA SUCIA

El sólo no hacer bien ya es un gran mal.
San Francisco de Sales

Con una apariencia de joven prematuramente envejecido, aquel simpático hombre desco­nocido, con cara de sentirse feliz y con un marcado aspecto de bohemia, vestido con un traje impecable, de tela donde se adivinaba la buena calidad, pero ya deslucido un poco por el tiempo que no perdona, todavía aún transmitía un aire de esplendor que debió ser brillante.
Parecía como salido por la fantasía del pensamiento de las viejas tapas de cartón de un li­bro muy antiguo en figura de trovador medieval, aunque en sus manos llevaba un viejo laúd, del que empezó a salir una dulce melodía que acompañaba a su canto, de voz hermosa, pro­funda y armoniosa:

Cara sucia, cara sucia, cara sucia,
que has venido con la cara sin lavar,
esa cara tan bonita y picarona
que refleja una pasión angelical.

Si tu cara fuera espejo de mi alma,
siempre limpia la tendrías que llevar
y mis labios serian la fuente
donde. tu cara se tendría que lavar.

Se trataba, como veis, de una canción sencilla. de un amor ingenuo, y allá un poco más lejos tronaban los cañones.
Benito Mussolini invadía Abisinia masacrando a las débiles tropas del Emperador Negús.
La ley del más fuerte, la ley de la selva. Era un tiempo crucial en la historia de la injusticia humana, de la ausencia de la ética y de mínimos principios morales humanos. Era el tiempo en que las manecillas del reloj de la Historia se iban deteniendo, con el grave peligro de que girasen hacia atrás.

El prematuro viejo trovador no oía los cañones y seguía feliz con su melancólica melodía:

Anda y lávate la cara
en la fuente del amor
y que el brillo de tus ojos
alumbre siempre
tus labios rojos.

Anda y lávate la cara
en la fuente del amor,
que hasta el mismo San Antonio pecaría
cara sucia, cara sucia,
confesándote mi amor.

Quiero creer que el Bohemio Trovador, con canas ya pero con manos aún firmes, siga ta­ñendo su viejo laúd cantando a la cara de su amada viejas y nuevas canciones de amor. Por­que el amor, hoy día de San Valentín, día de los enamorados, también se hace cuando se can­tan canciones alegres y tristes, se ayuda a un ciego a cruzar la calle, se respeta a la mujer, al niño, al hombre, se consuela al triste, se trata con humanidad al empleado, se hace feliz a la esposa, se mira cara a cara ya los ojos, se da la mano con efusión y no se olvida nunca aquel viejo proverbio que 1e dice: No hagas a los demás lo que no quieras para ti.

MAQUIA VELANDO

La Mediocridad

El ser humano aún siendo niño aprende demasiado pronto a saber ocultar sus verdaderos sentimientos, y es lamentable porque lo hace como una medida necesaria, de defensa, ante una hostil sociedad que le rodea.

Solemos vivir en un apretado "corsé" de convencionalismos, y nos dejamos casi siempre vencer sin el necesario coraje de presentar batalla, sin lucha.

Aprendemos como el Camaleón a adoptar el color de la simulación, sin percatamos que esta postura "cómoda" nos arrastra irremisiblemente, sino a la ignorancia, si a la mediocridad.

El que siente generosidad en su corazón, afán de superación en su ánima, deseos de liberarse como el esclavo, se atreve como nuestro inolvidable D. Quijote, con valentía, a introducirse en el campo de la extravagancia culta, en busca del necesario genio creador para poder estimular su pensamiento y poder abrir nuevos cauces que le permitan llegar a la verdadera felicidad humana.

Necesitamos de estas personas porque precisamos un poco más de poesía en nuestras vidas, ya que por la mediocridad de nuestro pensamiento actual carecemos de metas de largo alcance en nuestra postura humana.

Y sin ilusiones, sin poesía, no podremos nunca ser felices, porque, sin perspectiva de porvenir no podremos nunca construir una sociedad mejor y más satisfactoria para todos.

Sea bienvenida por lo tanto un poco de extravagancia, porque estamos encerrados en unos moldes tan estrictos - en seriedad burguesa - conformismo político y cansancio religioso, que se nos presentan como engañosas ataduras doradas.

Vamos a apeamos de tantas fórmulas inventadas por los mayores. Pidamos un poco más de risa ante muchas veces lo esperpéntico de nuestra pobre situación humana. Nos hace falta para poder superar de este modo nuestra mediocridad ambiente. La que a unos - a los jóvenes - asfixia, y a los otros - los mayores como nosotros, nos tiene colapsados.

Hay que dar un giro, volverse, no temer la estatua de sal y ver por nuestras ventanas propias del pensamiento y de la inteligencia, un nuevo horizonte, un nuevo campo abierto, no de normas estrechas, sino pionero de nuevos sueños, nuevos caprichos que nos puedan liberar de nuestra triste mediocridad.