JUBILACION

El otoño, si
el otoño
ha llegado
a mi vida

y me jubilo
cuando aún
en mis venas
corre la primavera.

En mis labios llevo
rosas y margaritas.

y no quiero
y no quiero
que las flores
se marchiten
ni dejar de sentir
siempre
sus perfumes
perfumes y aires
de mujer
que me acompañan
en mis sueños
de una juventud
ya ida.

¿ Fue ayer?
¿ es hoy?
cuando tenía sueños
de gloria
de conquistas.

Amar, sentir
ser amado
gozar
sufrir
dar - recibir
pensar
perdonar
ser perdonado.

Esa ha sido
una parte
de mi vida
sincera
y no quiero
y no quiero
dejar de sentir
esa primavera
siempre
en mi corazón
de otoño.

MONDARIZ BALNEARIO 5 de Noviembre de 1.987

¿Que es un estado de ánimo ? Un sentimiento íntimo, difícil de explicar, porque sucede que el sentimiento se hace intraducible, no encuentra palabras, no existen los sonidos que puedan reflejarlo.

Sirvan estas palabras para justificar las mal hilvanadas líneas que escribo como poema, testimonio y homenaje ante la muerte de un amigo con el que hacía pocas semanas había mantenido una profunda conversación sobre la vida, la política, la economía, el pasado y el futuro en una bella tarde otoñal, ya que solo puede ser una pequeña y sincera señal de la profundidad de un sentimiento, de un estado de ánimo anímico, que con amistad, redacto para su esposa Lolita y sus hijos.


La Cuesta de los Subacos
aquella mañana con sol
en un día espléndido
de Noviembre
día 5, despejado
antes del mediodía.

El agua del regato
que bordea la Cuesta,
corría haciendo ruídos
de cantos infantiles.
al oirla, era como volver
al pasado
a un tiempo profundo, ido
de mi niñez.

El agua, el agua, el agua
feliz, suelta, estaba viva
cantaba y andaba
con pies invisibles
trayéndome emociones
recuerdos y mensajes
¡desconocidos!
y mi amigo Américo
en su ataúd reposaba.

Su muerte prematura
¡ impensada !
¡ era increíble!
pero allí estaba, y Lo1ita su esposa
y Aidita su hija ¡ tan apenadas !

Mi corazón de luto
protestaba
viendo también a su madre
¡ tan angustiada !
¡Como reconfortarlas !
Me sentía tan extraño…
y no comprendía
aquella agua del regato

tan alegre, que corría, corría
con ruidos y cantos
extraños, antiguos
eternos.
Y el sol persistía
y el cielo despejado
y mi amigo Américo
que estaba
y ya no estaba
No comprendía
el agua del regatotan contenta, tan viva.

UN TRANVIA LLAMADO CUATRO

Un poeta do medievo escribiu:

¡era Martín Codas!
Vinde conmigo a o mar de Vigo.
I eu viñen moitos séculos despois
¡antes non puden!
¿Onde estaría eu?
¿Onde despois estarei…?
E o mar de Vigo envolveume
¡para sempre!
I agora, eu sin él vivir non poido.
Como non poido coller o catro
Tranviiña da Ribeira aos Caños
Catro máxico e diferente
Do catro que nos escribimos
Xa co dígito eche pechado.

Hoxe con morriña o rememouro
E dou testemuña e fé
Que non era un tranvía calquera.
Érache un tranvía chamado desexo
Con muitas cestas, patelas e peixes
De mulleres con mandiles laboriosas
Coquetas, moinantes e faladeiras
As pescantinas da ribeira de Vigo.

O viaxe era moi cortiño
Coma a felicidade
O mas pequeño de Vigo
E o mais cheo de emoción
Pois baixando a costiña
Da calzada ao Arenal

Remexiase brioso
Con encantos sensuais.

A rúa érache moi pendente
Con catro curvas de culebra
¡ lagarto – lagarto ! conxuro
e moi estreitiña
con casiñas de pedra
baixiñas
e con aceiras cativiñas.

Un home sorprendido ao mirar
Aquel “monstruo” que baixaba
Arrimábase e pegábase a parede
Asustadiño con pánico
E a ialma a encomendaba
A algún santo “milagreiro”
Pra que “aquelo” pasara
E non o collera
Non lle fixera daño.

Os carrís hoxe enterrados
E xa moi esquecidiños
Non quero que morran, non
Sin un recordo querido
Non quero que morran, non
A Linea Catro (4) de Vigo.

CUANDO EL SUEÑO ES VIDA

He visto ayer a D. Quijote con el yelmo de Mambrino o la bacía del barbero colocada sobre su cabeza.

Iba conduciendo un SEAT 124 matrícula de Madrid. Llevaba a su lado al bachiller Sansón Carrasco, y detrás iba Sancho Panza fumando un cigarrillo habano.

Se paró el coche en la esquina de la calle Magallanes al verme a mí detenido en la acera. Don Quijote se quitó el yelmo con un gesto de saludo y me invitó a que subiera. Al acercarme, Sancho Panza abrió la puerta y me introduje dentro, sentándome a su lado.

No olía a ajos ni a cebollas; me pareció bien que hubiera seguido el consejo de su amo. Dentro del coche se respiraba un grato ambiente de serenidad.

Los cristales del coche eran normales; al menos lo parecían; sin embargo, algo raro ocurría dentro. La luz al atravesarlos transformaba el color, convirtiéndolo en un amarillo sepia.

Ya podréis imaginaros la emoción que me embargaba. No podía creer lo que me sucedía. Notaba que mis pulsaciones iban en aumento. De improviso me tranquilizó oír la voz grave y enérgica de D. Quijote, una voz culta, que me pareció haber oído antes:

“Te conozco, muchacho, y por eso te he invitado a subir. Quiero que vengas con nosotros a Puenteareas. Allí cerca existe un Castillo y en su plaza de armas te nombraré Caballero Andante. Serán tus padrinos Sancho Panza y el bachiller Sansón Carrasco.

Ya habíamos rebasado Puxeiros y notaba que el coche se deslizaba por la carretera a una velocidad cada vez mayor. Al llegar a la curva conocida por “la vuelta de la gallina” ya no me quedó ninguna duda que sería imposible tomarla sin volcar. Y sucedió lo inesperado y deseado: el coche, impulsado por una velocidad increíble, al dejar el pavimento se elevó sobre los pinos y siguió en línea recta. A los pocos momentos vimos debajo nuestro la airosa figura del Castillo de Villasobroso, momento en que el turismo perdió velocidad y empezó a perder altura, y en círculos concéntricos, cada vez más cerrados, se fue deslizando hacia abajo, hasta quedar posado encima de la chimenea de piedra del Castillo.

Asustado, miré a mi alrededor y no vi el coche; éste se había transformado en Rocinante, el cual, moviendo el cuello hacia mí, me hizo un guiño con el ojo izquierdo. Detrás de mí estaba el Caballero de la Triste Figura que posaba sus manos en mi cintura, y a continuación Sansón Carrasco, y por último Sancho Panza, que orgulloso sujetaba la cuerda a la que estaba unido “el Rucio” que flotaba en el aire satisfecho, al menos lo parecía, esquivando la cola de Rocinante que, moviéndose una y otra vez como si de la de un perro ser tratase, le iba haciendo cosquillas en la narices.

La tarde había desaparecido y una espléndida luna llena nos iluminaba radiante.

PUENTEAREAS "CANTO A LA VILLA"






Puenteareas, Puenteareas
Río Tea
Montes de la Picaraña,
Canedo, Arcos, Areas,
San Roque y Puente Romano
que "coqueto" se proyecta ...
en las aguas, más abajo.


Piedra del equilibrio
Peña de los enamorados
Puenteareana de ojos negros
de mirada encantadora
¡Dime que ya no estás triste!
¡Dime que ya nunca lloras!
Porque estás enamorada
de las flores y las moras
y te lavas con fiunchu
las mañanas San juaneras
y escuchas...

Escuchas el pasodoble

¡¡ Puenteareas !!

¡¡ Puenteareas !!

LA HIGUERA

por J. De Ibarbourou.

Porque es áspera y fea
porque todas sus ramas son grises
yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cién árboles bellos:
ciruelos redondos
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

­En tas primaveras
todos ellos se cubren de flores
en tomo a la higuera

y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos, que nunca
de apretados capullos se visten

Por eso
cada vez que yo paso a su lado
digo, procurando
hacer dulces y alegre mi acento:
"es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto"

Si ella escucha,
si comprende el idioma que hablo
¡ que dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez a la noche
cuando el viento abanique su copa
embriagada de gozo le cuente:

"hoy a mi me dijeron hermosa"

(1) Debe tratarse de Juana de Ibarbourou,
Profesora y poeta Argentina
(Copiado de un antiguo libro de bachillerato)

COMENTARIO:
¿Es ético mentir por piedad? profundizando un-poco en el sentimiento de esta persona, ¿ no hay algo más que piedad? Porque pensemos que a pesar de ser áspera y fea, y tener todas sus ramas grises, no existirá además que piedad, un sentimiento de gratitud. Pensemos en el fruto de la higuera, esos jugosos y dulces higos que tanto nos gustan a todos comérnoslos maduritos. Así en la vida real, nos encontramos con personas que pueden parecer ásperas, que pueden parecer feas, pero a las que queremos porque sus frutos son dulces y buenos, al hacemos sentir sus desvelos y amor hacia nosotros.
14-2-1.985

BORLI

No la conocía y
ya la presentía,
y no la conocía
y ya la quería,
porque la intuía.


Ella era de ella
y no era mía
aunque la quería
y no la conocía.
Yo quería ser de ella
y mío
y ella aparecía
y desaparecía.
En los días y en las noches sufría
cuando aparecía
y desaparecía
¡¡No la retenía!!
Y no la conocía
y ya la quería.
Ella era mi aire
y mi vida
cuando aparecía
y desaparecía

No la conocía
y ya la presentía
con su andar distinto
y con su aire cálido
y como una sombra
siempre aparecía
y con un susurro
del viento lejano
oigo que me dice
de noche y de día

¡¡vida de mi vida!!