Entrega de Medallas al Mérito Colegial

Entrega de Medallas al Mérito Colegial...
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ME DUELE MONDARIZ

Con cariño, y con nostalgia optimista


ME DUELE MONDARIZ

Porque en su pequeño cementerio reposan y duermen el sueño eterno muchos amigos y amigas, y mi joven hermana mayor, la que cuando yo era un niño me cataba la cabeza y mataba algún que otro piojo que descubría hurgando en mi cabello infantil.

Y POR OTRAS MUCHAS COSAS MÁS

Porque en la Cuesta de los Subacos, en mi sueño infantil, un anochecer me subió D. Quijote a Rocinante, y raudos nos elevamos por el aire y volamos sobre el Castillo de Villasobroso, dando giros concéntricos sobre su airosa Torre y almena, hasta posarnos en ella. Detrás nos seguía el rucio, el sabio Rucio de Sancho Panza, que sufría el cosquilleo del rabo de Rocinante, que en un aleteo intencionado le acariciaba el hocico, y me guiñaba malicioso su ojo izquierdo.

OOOOO

Porque el Padre Huidobro, Jesuita piadoso preocupado por el hambre y el frío de los niños desvalidos que acudían a su Catequesis debajo de los soportales de la Villa de París, les repartía panes y leche, y calzado para sus pies desnudos.

OOOOO

Por el Gran Hotel quemado, que dejó sin el sonido de las campanas nítidas, de las horas, el tiempo detenido del Gran Reloj, que se escuchaban en el río, en el monte, en las casas y en los campos de labranza, y marcaban el quehacer diario del pueblo, de día y de noche.

OOOOO

Por Enrique Peinador Vela, que triste y sentado en su gran estatua, con las mantas que no le evitan el frío de la memoria, pensativo, reflexiona, cavila y nos quiere decir cosas, muchas cosas, que nosotros tenemos que adivinar. Con cariño, y con nostalgia optimista...

...ME DUELE MONDARIZ

MISERIAS:LAS TRI QUE TRAQUE

… borrador para un ensayo … viñetas del pasado
MISERIAS


Eran tiempos difíciles y terribles, y la realidad superaba a la fantasía. En un otoño frío, las Tri que Traque surgieron como dos setas en una tierra abonada para el odio y la sangre, en una mañana de rocío.

LAS TRI QUE TRAQUE

No son hermosas
las Tri que Traque
pero sí jóvenes
y generosas …

Hacen favores
a los soldados
que heridos llegan
de las trincheras
de las batallas
de las peleas

Por un real
una moneda
bajan las bragas
desnudas quedan

No fue el vicio
ni la lujuria
lo que las hizo
perder el sexo

Son inocentes
son inexpertas
analfabetas
las Tri que Traque

A ellas acuden
los militares
con muchas prisas
otros despacio

Van con muletas
mal de las piernas
o en cabrestillo
brazos heridos
almas enfermas

Valle Inclán muerto
crea un poema
es otra Corte
de las Miserias

No son hermosas
las Tri que Traque
pero sí jóvenes
y generosas …

Por un real
una moneda
hacen favores
particulares …

Viven aisladas
muy apartadas
en una casa
cerca de un monte
campo atraviesa
bosque cercanos.

No son hermosas
las Tri que Traque
pero sí jóvenes
y generosas …

RECUERDOS DE ANTAÑO

¿Donde estás chiquilla
de ojos castaños
y trenzas largas?

¿Donde estás niña bonita?

que ansío verte
y quiero escribirte
y contestarte
y decirte que si
que acepto

Aún conservo en el recuerdo
y en mis manos
aquel trozo de papel
arrancado de la libreta
que tu amiga
me entregara en el recreo
o a la salida de la escuela
en aquella tarde de primavera.

Lo lei sorprendido
como un niño inocente que era
y al que lo único que le preocupaba era jugar, jugar.

Me escribiste: Antonio
te escribo estas letras
para que me digas
si quieres ser mi novio.


Eras pequeñuela y decidida
y aún no sabías nada
mas en tu pecho
brotaba el amor.


Me ruboricé y hoy me pregunto:

¿Donde está aquella chiquilla
de ojos castaños
y trenzas largas?

¿Donde está? que quiero verla
que quiero escribirle
y decirla que si
que acepto ser su novio.

Porque si esto que siento
es amor
yo la amo, yo la amo
y quiero decirla que si que acepto
y quiero ser su novio.

¡ Para siempre !

SIESTA EN LA NOCHE

Vientos que ya se fueron
¡ aún me sacuden !
con fantasmas y recuerdos
de un pasado
en un sueño inquieto
profundo, aunque perdido
de ciertos sabores, olores
imágenes y lugares
que si, que sé que existen
o existieron.

oooOooo


Volar era fácil, con leve impulso
desde el balcón o la ventana
cayendo con vértigo hacia el vacío
y el viento amigo, que te elevaba
a cielos de colores brillantes
nuevos, intensos y desconocidos
que atravesaba veloz
en un instante
hacia alturas jamás soñadas
¡ cada vez más alto ¡
¡ cada vez más alto ¡

oooOooo

¿Era el alma, liberada del cuerpo
que huía?
hacia nuevos colores que no existían
hacia una paz que presentía cercana
hacia un bienestar que nunca había gozado

oooOooo

Vientos que ya se fueron
¡ aún me sacuden !
con fantasmas y recuerdos
de un pasado

oooOooo

"DUERMO PARA TI”

El ritmo es lo que hace a la poesía persuasiva y no informativa
José Hierro - Poeta


Yo siempre duermo para ti
acariciando tus pezones sensibles
o mordisqueando
tu nuca apetecible
y haciéndote solícito la sillita
y tu ingrata e indiferente
te separas de mi espalda
cuando doy la vuelta.

Toda la cama es tuya
sea en el borde o en el centro
me desplazas fría e insensible
a mi solícito amaro.

Yo duermo para ti
abrazado a tu tibia piernecita
de piel de seda
con calor de sol en el ocaso
o acariciando tu redonda barriguita
caliente
o frotando suavemente tu culito
frío.

Yo siempre duermo para ti
¡ingrata!
que me huyes o me rehuyes
entre las sombras
entre las sabanas
y al borde de mi lado
frío y triste
añoro aquel amor
que se ha marchado.

PERDONADA, BENITIÑA

La vida no es el bien
ni el mal, sino
simplemente
el escenario del bien
y del mal
SENECA



Era menudita, sola y sin familia, temerosa de Dios y de las personas. Se movía con la humildad del perro apaleado, como suplicando paciencia y perdón.

Desde muy jovencita había entrado a trabajar de muchacha en casa de la Señora. Y cuando ya la mucha edad la hizo inservible para las labores domésticas y de la finca rústica, se había acogido a la benevolencia de su Señora, que si bien le retiró las diez pesetas mensuales que le daba de salario, la compensó manteniéndola en casa gratuitamente, en un elevado gesto de benevolencia y generosidad, salvándola del frío y triste asilo.

Pero ¡ay!, era ya un mueble viejo que no se podía tirar en el desván, y la pobre trataba por todos los medios de estorbar lo menos posible en aquella casa, donde la nueva criada, Amilana, la veía de reojo, con un desdén no exento de burla y crueldad, y la marginaba todo lo que podía enviándola a las esquinas. La pobre Benita vivía en un constante temor, y sólo la oportunidad de la llegada de su Señora, evitaba algunas veces que recibiese un empujón o una bofetada.

Visitaba de vez en cuando aquella casa un sobrino de la Señora, un chico espabilado y vivaz, de sólo ocho años, que se percató enseguida de la situación humillante en que vivía Benitiña, como la llamaba cariñosamente, a la que ayudaba en todo lo que podía, y en el que encontraba la viejecita un amparo, una comprensión y una amistad.

Un día que el niño llegó de visita, la encontró más triste que nunca, y como siempre lo hacía, fue a hurtar a su tía en la despensa una copita de aguardiente, que llevó amoroso al bajo de la casa, donde escondida detrás de una gruesa puerta de madera, esperaba ansiosa Benitiña el agua de fuego para aquel débil cuerpecito necesitado de calor.

Volvió muchas veces, y se repetía siempre el mismo suceso. Era como un pacto secreto, no hablado ni escrito, de amistad espontánea, y un complot urdido sin premeditación; en una leal colaboración de amor humano entre un niño que empezaba a conocer la crueldad de la vida, y una viejecita que, antes de irse, se encontró con un asidero en forma de niño avispado porque nunca fue descubierto.

Los ojos de Benitiña resplandecían de contento, de alegría, cuando veía llegar la visita de aquel niño, sobrino de su Señora, que siempre sabía encontrar la ocasión más propicia para irle a buscar la copa de aguardiente.

Y una tarde, de las muchas que lo vio llegar, esta vez le dijo muy solemne, con emoción y humildad, cogiéndole sus manos: “señorito, si la próxima vez que veña eu non estou eiqui, perdóneme”.

Y llegó la próxima vez: al cabo de algunos meses volvió el niño y al no ver a Benita, preguntó por ella.

Atilana, con una mal disimulada sensación de pena, le dijo que se había muerto hacía unos diez días.

El niño se fue al cementerio rústico cercano y, ante su tumba de tierra en cuya cabecera se alzaba un madero en forma de cruz, sintió una sensación de pena, de vacío, de soledad, y por sus mejillas empezaron a descender y a deslizarse unas tibias lágrimas que fue incapaz de evitar

Y, al irse, mirando la tumba donde por fin había encontrado su cuerpo un reposo eterno, la sintió muy cercana, y la dijo: Perdonada, Benitiña.