CARA SUCIA

El sólo no hacer bien ya es un gran mal.
San Francisco de Sales

Con una apariencia de joven prematuramente envejecido, aquel simpático hombre desco­nocido, con cara de sentirse feliz y con un marcado aspecto de bohemia, vestido con un traje impecable, de tela donde se adivinaba la buena calidad, pero ya deslucido un poco por el tiempo que no perdona, todavía aún transmitía un aire de esplendor que debió ser brillante.
Parecía como salido por la fantasía del pensamiento de las viejas tapas de cartón de un li­bro muy antiguo en figura de trovador medieval, aunque en sus manos llevaba un viejo laúd, del que empezó a salir una dulce melodía que acompañaba a su canto, de voz hermosa, pro­funda y armoniosa:

Cara sucia, cara sucia, cara sucia,
que has venido con la cara sin lavar,
esa cara tan bonita y picarona
que refleja una pasión angelical.

Si tu cara fuera espejo de mi alma,
siempre limpia la tendrías que llevar
y mis labios serian la fuente
donde. tu cara se tendría que lavar.

Se trataba, como veis, de una canción sencilla. de un amor ingenuo, y allá un poco más lejos tronaban los cañones.
Benito Mussolini invadía Abisinia masacrando a las débiles tropas del Emperador Negús.
La ley del más fuerte, la ley de la selva. Era un tiempo crucial en la historia de la injusticia humana, de la ausencia de la ética y de mínimos principios morales humanos. Era el tiempo en que las manecillas del reloj de la Historia se iban deteniendo, con el grave peligro de que girasen hacia atrás.

El prematuro viejo trovador no oía los cañones y seguía feliz con su melancólica melodía:

Anda y lávate la cara
en la fuente del amor
y que el brillo de tus ojos
alumbre siempre
tus labios rojos.

Anda y lávate la cara
en la fuente del amor,
que hasta el mismo San Antonio pecaría
cara sucia, cara sucia,
confesándote mi amor.

Quiero creer que el Bohemio Trovador, con canas ya pero con manos aún firmes, siga ta­ñendo su viejo laúd cantando a la cara de su amada viejas y nuevas canciones de amor. Por­que el amor, hoy día de San Valentín, día de los enamorados, también se hace cuando se can­tan canciones alegres y tristes, se ayuda a un ciego a cruzar la calle, se respeta a la mujer, al niño, al hombre, se consuela al triste, se trata con humanidad al empleado, se hace feliz a la esposa, se mira cara a cara ya los ojos, se da la mano con efusión y no se olvida nunca aquel viejo proverbio que 1e dice: No hagas a los demás lo que no quieras para ti.

MAQUIA VELANDO

La Mediocridad

El ser humano aún siendo niño aprende demasiado pronto a saber ocultar sus verdaderos sentimientos, y es lamentable porque lo hace como una medida necesaria, de defensa, ante una hostil sociedad que le rodea.

Solemos vivir en un apretado "corsé" de convencionalismos, y nos dejamos casi siempre vencer sin el necesario coraje de presentar batalla, sin lucha.

Aprendemos como el Camaleón a adoptar el color de la simulación, sin percatamos que esta postura "cómoda" nos arrastra irremisiblemente, sino a la ignorancia, si a la mediocridad.

El que siente generosidad en su corazón, afán de superación en su ánima, deseos de liberarse como el esclavo, se atreve como nuestro inolvidable D. Quijote, con valentía, a introducirse en el campo de la extravagancia culta, en busca del necesario genio creador para poder estimular su pensamiento y poder abrir nuevos cauces que le permitan llegar a la verdadera felicidad humana.

Necesitamos de estas personas porque precisamos un poco más de poesía en nuestras vidas, ya que por la mediocridad de nuestro pensamiento actual carecemos de metas de largo alcance en nuestra postura humana.

Y sin ilusiones, sin poesía, no podremos nunca ser felices, porque, sin perspectiva de porvenir no podremos nunca construir una sociedad mejor y más satisfactoria para todos.

Sea bienvenida por lo tanto un poco de extravagancia, porque estamos encerrados en unos moldes tan estrictos - en seriedad burguesa - conformismo político y cansancio religioso, que se nos presentan como engañosas ataduras doradas.

Vamos a apeamos de tantas fórmulas inventadas por los mayores. Pidamos un poco más de risa ante muchas veces lo esperpéntico de nuestra pobre situación humana. Nos hace falta para poder superar de este modo nuestra mediocridad ambiente. La que a unos - a los jóvenes - asfixia, y a los otros - los mayores como nosotros, nos tiene colapsados.

Hay que dar un giro, volverse, no temer la estatua de sal y ver por nuestras ventanas propias del pensamiento y de la inteligencia, un nuevo horizonte, un nuevo campo abierto, no de normas estrechas, sino pionero de nuevos sueños, nuevos caprichos que nos puedan liberar de nuestra triste mediocridad.

SUEÑO DE PRIMAVERA

Belén camina, camina
por la antigua “corredoira”
Belén ya está en Creciente
cuando la noche, galopa
galopa.

Procura llegar temprano
que la noche no te coja.

Sigue, sigue, no te acerques
al manzano
que hay peligro
perros mastines acechan

Sigue Belén sigue
que la noche
galopa, galopa.

Belén sueña con colores
pero es noche, noche oscura
negra.
Ya vendrá la Primavera
blanca
y estarás en tu Creciente
plena
y aunque la noche
galopa, galopa
tendrás todo un pleno día

Y sí, buscarás la sombra
donde la brisa acaricia
con sueños de primaveras
Belén camina, camina
por la bella “corredoira”
Belén ya está en Creciente
cuando la noche, galopa
galopa.

JUBILACION

El otoño, si
el otoño
ha llegado
a mi vida

y me jubilo
cuando aún
en mis venas
corre la primavera.

En mis labios llevo
rosas y margaritas.

y no quiero
y no quiero
que las flores
se marchiten
ni dejar de sentir
siempre
sus perfumes
perfumes y aires
de mujer
que me acompañan
en mis sueños
de una juventud
ya ida.

¿ Fue ayer?
¿ es hoy?
cuando tenía sueños
de gloria
de conquistas.

Amar, sentir
ser amado
gozar
sufrir
dar - recibir
pensar
perdonar
ser perdonado.

Esa ha sido
una parte
de mi vida
sincera
y no quiero
y no quiero
dejar de sentir
esa primavera
siempre
en mi corazón
de otoño.

MONDARIZ BALNEARIO 5 de Noviembre de 1.987

¿Que es un estado de ánimo ? Un sentimiento íntimo, difícil de explicar, porque sucede que el sentimiento se hace intraducible, no encuentra palabras, no existen los sonidos que puedan reflejarlo.

Sirvan estas palabras para justificar las mal hilvanadas líneas que escribo como poema, testimonio y homenaje ante la muerte de un amigo con el que hacía pocas semanas había mantenido una profunda conversación sobre la vida, la política, la economía, el pasado y el futuro en una bella tarde otoñal, ya que solo puede ser una pequeña y sincera señal de la profundidad de un sentimiento, de un estado de ánimo anímico, que con amistad, redacto para su esposa Lolita y sus hijos.


La Cuesta de los Subacos
aquella mañana con sol
en un día espléndido
de Noviembre
día 5, despejado
antes del mediodía.

El agua del regato
que bordea la Cuesta,
corría haciendo ruídos
de cantos infantiles.
al oirla, era como volver
al pasado
a un tiempo profundo, ido
de mi niñez.

El agua, el agua, el agua
feliz, suelta, estaba viva
cantaba y andaba
con pies invisibles
trayéndome emociones
recuerdos y mensajes
¡desconocidos!
y mi amigo Américo
en su ataúd reposaba.

Su muerte prematura
¡ impensada !
¡ era increíble!
pero allí estaba, y Lo1ita su esposa
y Aidita su hija ¡ tan apenadas !

Mi corazón de luto
protestaba
viendo también a su madre
¡ tan angustiada !
¡Como reconfortarlas !
Me sentía tan extraño…
y no comprendía
aquella agua del regato

tan alegre, que corría, corría
con ruidos y cantos
extraños, antiguos
eternos.
Y el sol persistía
y el cielo despejado
y mi amigo Américo
que estaba
y ya no estaba
No comprendía
el agua del regatotan contenta, tan viva.

UN TRANVIA LLAMADO CUATRO

Un poeta do medievo escribiu:

¡era Martín Codas!
Vinde conmigo a o mar de Vigo.
I eu viñen moitos séculos despois
¡antes non puden!
¿Onde estaría eu?
¿Onde despois estarei…?
E o mar de Vigo envolveume
¡para sempre!
I agora, eu sin él vivir non poido.
Como non poido coller o catro
Tranviiña da Ribeira aos Caños
Catro máxico e diferente
Do catro que nos escribimos
Xa co dígito eche pechado.

Hoxe con morriña o rememouro
E dou testemuña e fé
Que non era un tranvía calquera.
Érache un tranvía chamado desexo
Con muitas cestas, patelas e peixes
De mulleres con mandiles laboriosas
Coquetas, moinantes e faladeiras
As pescantinas da ribeira de Vigo.

O viaxe era moi cortiño
Coma a felicidade
O mas pequeño de Vigo
E o mais cheo de emoción
Pois baixando a costiña
Da calzada ao Arenal

Remexiase brioso
Con encantos sensuais.

A rúa érache moi pendente
Con catro curvas de culebra
¡ lagarto – lagarto ! conxuro
e moi estreitiña
con casiñas de pedra
baixiñas
e con aceiras cativiñas.

Un home sorprendido ao mirar
Aquel “monstruo” que baixaba
Arrimábase e pegábase a parede
Asustadiño con pánico
E a ialma a encomendaba
A algún santo “milagreiro”
Pra que “aquelo” pasara
E non o collera
Non lle fixera daño.

Os carrís hoxe enterrados
E xa moi esquecidiños
Non quero que morran, non
Sin un recordo querido
Non quero que morran, non
A Linea Catro (4) de Vigo.

CUANDO EL SUEÑO ES VIDA

He visto ayer a D. Quijote con el yelmo de Mambrino o la bacía del barbero colocada sobre su cabeza.

Iba conduciendo un SEAT 124 matrícula de Madrid. Llevaba a su lado al bachiller Sansón Carrasco, y detrás iba Sancho Panza fumando un cigarrillo habano.

Se paró el coche en la esquina de la calle Magallanes al verme a mí detenido en la acera. Don Quijote se quitó el yelmo con un gesto de saludo y me invitó a que subiera. Al acercarme, Sancho Panza abrió la puerta y me introduje dentro, sentándome a su lado.

No olía a ajos ni a cebollas; me pareció bien que hubiera seguido el consejo de su amo. Dentro del coche se respiraba un grato ambiente de serenidad.

Los cristales del coche eran normales; al menos lo parecían; sin embargo, algo raro ocurría dentro. La luz al atravesarlos transformaba el color, convirtiéndolo en un amarillo sepia.

Ya podréis imaginaros la emoción que me embargaba. No podía creer lo que me sucedía. Notaba que mis pulsaciones iban en aumento. De improviso me tranquilizó oír la voz grave y enérgica de D. Quijote, una voz culta, que me pareció haber oído antes:

“Te conozco, muchacho, y por eso te he invitado a subir. Quiero que vengas con nosotros a Puenteareas. Allí cerca existe un Castillo y en su plaza de armas te nombraré Caballero Andante. Serán tus padrinos Sancho Panza y el bachiller Sansón Carrasco.

Ya habíamos rebasado Puxeiros y notaba que el coche se deslizaba por la carretera a una velocidad cada vez mayor. Al llegar a la curva conocida por “la vuelta de la gallina” ya no me quedó ninguna duda que sería imposible tomarla sin volcar. Y sucedió lo inesperado y deseado: el coche, impulsado por una velocidad increíble, al dejar el pavimento se elevó sobre los pinos y siguió en línea recta. A los pocos momentos vimos debajo nuestro la airosa figura del Castillo de Villasobroso, momento en que el turismo perdió velocidad y empezó a perder altura, y en círculos concéntricos, cada vez más cerrados, se fue deslizando hacia abajo, hasta quedar posado encima de la chimenea de piedra del Castillo.

Asustado, miré a mi alrededor y no vi el coche; éste se había transformado en Rocinante, el cual, moviendo el cuello hacia mí, me hizo un guiño con el ojo izquierdo. Detrás de mí estaba el Caballero de la Triste Figura que posaba sus manos en mi cintura, y a continuación Sansón Carrasco, y por último Sancho Panza, que orgulloso sujetaba la cuerda a la que estaba unido “el Rucio” que flotaba en el aire satisfecho, al menos lo parecía, esquivando la cola de Rocinante que, moviéndose una y otra vez como si de la de un perro ser tratase, le iba haciendo cosquillas en la narices.

La tarde había desaparecido y una espléndida luna llena nos iluminaba radiante.