MAQUIA VELANDO

La Mediocridad

El ser humano aún siendo niño aprende demasiado pronto a saber ocultar sus verdaderos sentimientos, y es lamentable porque lo hace como una medida necesaria, de defensa, ante una hostil sociedad que le rodea.

Solemos vivir en un apretado "corsé" de convencionalismos, y nos dejamos casi siempre vencer sin el necesario coraje de presentar batalla, sin lucha.

Aprendemos como el Camaleón a adoptar el color de la simulación, sin percatamos que esta postura "cómoda" nos arrastra irremisiblemente, sino a la ignorancia, si a la mediocridad.

El que siente generosidad en su corazón, afán de superación en su ánima, deseos de liberarse como el esclavo, se atreve como nuestro inolvidable D. Quijote, con valentía, a introducirse en el campo de la extravagancia culta, en busca del necesario genio creador para poder estimular su pensamiento y poder abrir nuevos cauces que le permitan llegar a la verdadera felicidad humana.

Necesitamos de estas personas porque precisamos un poco más de poesía en nuestras vidas, ya que por la mediocridad de nuestro pensamiento actual carecemos de metas de largo alcance en nuestra postura humana.

Y sin ilusiones, sin poesía, no podremos nunca ser felices, porque, sin perspectiva de porvenir no podremos nunca construir una sociedad mejor y más satisfactoria para todos.

Sea bienvenida por lo tanto un poco de extravagancia, porque estamos encerrados en unos moldes tan estrictos - en seriedad burguesa - conformismo político y cansancio religioso, que se nos presentan como engañosas ataduras doradas.

Vamos a apeamos de tantas fórmulas inventadas por los mayores. Pidamos un poco más de risa ante muchas veces lo esperpéntico de nuestra pobre situación humana. Nos hace falta para poder superar de este modo nuestra mediocridad ambiente. La que a unos - a los jóvenes - asfixia, y a los otros - los mayores como nosotros, nos tiene colapsados.

Hay que dar un giro, volverse, no temer la estatua de sal y ver por nuestras ventanas propias del pensamiento y de la inteligencia, un nuevo horizonte, un nuevo campo abierto, no de normas estrechas, sino pionero de nuevos sueños, nuevos caprichos que nos puedan liberar de nuestra triste mediocridad.