LA QUIERO

La quiero, la quiero, la quiero, la quiero, la quiero, la quiero .

Vienen las castañas, y con ellas se renueva el recuerdo agradable de su sabor, comidas calientitas, cocidas, con su sabor y olor a anises y laurel, o asadas, en su punto, tan sabrosas, con la sorpresa desagradable de algún trozo quemado, que hace aumentar el placer al tomar otra tierna y buena:

Castañas de la Cañiza, después, con fatiga de mandíbulas y ansias que no se satisfacen. Oh, mi niñez, Oh mi juventud ¿habéis existido de verdad?

Mi pequeña Aguedita, mi río, mi fuente, mi arena, mi árbol, mi no tan pequeña Águeda, y Emilio, hola ¿como estáis? No dejarme que divague, porque pierdo el equilibrio.

Siento frío en las sienes, fatiga en la memoria, dolor en el pecho.

La felicidad en las cosas sencillas, el amor por la verdad, el equilibrio por la consciencia y responsabilidad.

Veo a mamá caminando con su cojera, feliz al ir a regar las plantas de vuestra casa. Y me da pena, por su pena, por su soledad en el piso, por la voz que no se oye de Aguedita, pero que se siente, por las paredes frías que no hablan, pero hablan.

Admiro, su ánimo, la aureola que la rodea. Su constancia, su alegría, su tenacidad, su no quejarse de dolor físico alguno cuando se hace evidente que sus infatigables idas y venidas, que demuestran su espíritu joven, tienen que, aunque no sea siempre, fatigarla, dolerla.

Admiro a mamá, y la quiero mucho, porque lo bueno que hay en mi, proviene en buena medida de ella.

Recibí tu carta, Emilio, y Chita y yo nos alegra todo lo que nos cuentas sobre Aguedita. Marco, Marco, Aguedita, Aguedita y Eva. Conservamos el calendario que las representa. El ava, la Volga, el río, la peca: palabras, sentimientos y trozos de nuestras vidas.

He dejado mi empleo, por otro que espero me proporcione más satisfacciones materiales y morales. Más riesgos, más responsabilidades, pero solo andando, se hace camino, como decía Machado.

Siento a veces el abismo que existe en la comunicación de ideas. Os escribo y no estoy seguro que me entendáis. No solo vosotros porque existen medidas distintas a nivel de distintas personas. Creo que es cuestión de capacidad, de sensibilidad en relación a la capacidad de amor: corazón e inteligencia.

Esto como veis no es una carta que os escribo, sino mas bien un estado de ánimo que tengo ahora.

Marco está en Madrid. El otro día, por la ventana, decía a voz en grito: Aguedita, Aguedita, llamaba a la nena así (Adedita, Adedita, Adedita). Mamá suele venir a menudo por casa, y Marco cuando la ve, la relaciona con Aguedita, porque le dice: Adedita. Cuidármela mucho, cuidaros vosotros. Abrazos y besos.